Todavía despierta se arropa los deseos. Reconstruye las horas. Sueña más que nunca. Mientras, en su vieja bicicleta se dejan ver los baches. Las carreteras. El desequilibrio. Se queda sin aire. Pues quiso dejar de respirar. Ahora sí que logra volar. Se despide con un hasta mañana que, reiterado día tras día, lleva mintiendo una eternidad. A la vez que los últimos ríos de éxtasis discurren en libertad, dedica sus últimas palabras. Se entrega a unos ojos desconocidos. En otro espacio. Más amable y vertiginoso. El mundo que tal y conocemos queda atrás. La vida sería un profundo simbolismo que sólo el verdadero poeta -tan colmado de abismos- podría ser capaz de entrever.